O “poder” del belting proviene de la estrategia de resonancia: el tracto vocal se ajusta para que el primer formante (R₁) se alinee con el segundo armónico (2H), creando un timbre brillante y metálico. Esto se facilita mediante una configuración en “megáfono” o “trompeta”, con la boca más abierta y la laringe ligeramente elevada.