Homilía pronunciada durante las exequias de Amable Hernández, el miércoles 8 de julio de 2026, por el P. André Delvaux.
En esta reflexión, somos invitados a contemplar la vida y la muerte desde la luz de la esperanza cristiana. En medio del dolor de la despedida, el Evangelio nos recuerda que la última palabra no la tiene la muerte, sino el amor de Dios.
A la luz del testimonio de Amable Hernández, meditamos sobre tres virtudes que dejan una huella profunda en el corazón de quienes nos rodean: la esperanza, la amabilidad y la dulzura. Son dones que reflejan la presencia de Dios y continúan hablando incluso después de la partida de una persona.
Una homilía que invita a renovar nuestra esperanza en la resurrección, a vivir con caridad en lo cotidiano y a confiar en la promesa de la vida eterna.