Homilía predicada por el P. André Delvaux.
En esta reflexión, somos invitados a contemplar la dignidad y el misterio de cada persona humana. La humanidad de cada hombre no es un territorio cualquiera: es terreno sagrado, tanto para nosotros como para Dios.
Cada persona posee una dignidad que merece ser reconocida, respetada y amada. Mirar al otro con los ojos de Dios significa descubrir que detrás de cada vida hay un misterio que no nos pertenece y que merece nuestra reverencia.
Una profunda reflexión sobre la dignidad humana, el respeto por el otro y la mirada de Dios sobre cada persona.